Ensayo Wilinton H. Roa
La vida es una amalgama de vivencias, alegrías, tristezas, pruebas y desafíos. Cada persona vive a su propia manera las vicisitudes diarias con base en las posibilidades que se le presenten. Muchos sueños, anhelos, proveen el ánimo necesario para continuar el viaje. Algunos desean ser deportistas, artistas o científicos. Otros desean ser empresarios, profesores o líderes comunitarios.
William Vargas, de treinta años, siente que debe
hacer algo por su comunidad. Es parte de concejo local de discapacidad de la
Localidad Usme y participa activamente en la promoción de derechos para su
comunidad. Tiene una discapacidad motriz que le impide caminar, por lo que se
desplaza en silla de ruedas.
Desde muy niño ha buscado la manera de generar
cambios en las políticas públicas para brindar mejoras en el acceso a educación
y trabajo para sus similares. “Recuerdo que mi infancia fue difícil. Mis padres
tenían pocos recursos y mantener a alguien como yo en ocasiones se convertía en
una carga. Pero no se desanimaron, siempre me ayudaron a luchar por mis metas. Logré
graduarme del colegio con los desafíos de no poder acceder a muchos de las
facilidades por causa de que siempre ando en silla de ruedas”, manifiesta.
Como consejero local se ha preocupado por promover
la política pública de discapacidad sobre el enfoque de derechos en la que se
plantea la necesidad de promover “su proyección y aplicabilidad social, económica
y cultural bajo principios de equidad, autonomía y participación con un sentido
democrático” (Art. 5). Con ello se logra “identificar los sujetos de derecho,
su tipo de discapacidad y las diferentes condiciones sociales que los
identifican, ciclo vital, géneros, etnia, entre otros”.
William siente que la población con discapacidad ha
ganado ciertos espacios de participación y acceso a educación y trabajo, un par
de ejemplos de ello son los centros comerciales Hayuelos y Centro Mayor. En
ellos emplean a personas con discapacidad, lo que les brinda un beneficio tanto
para quienes son empleados como para las empresas empleadoras.
Parte de estos avances se han obtenido gracias a la
política pública de Bogotá y las leyes 361 de 1997 y 789 de 2002. En estas
leyes se promueven la protección de los derechos de este tipo de población. Se
les garantiza acceso a la educación, desde primaria hasta superior, y se obliga
a las instituciones tanto educativas como privadas a proveer mecanismos de
acceso y educación por medio de personas idóneas para ayudar en su proceso
educativo.
De otra parte, se plantean garantías para los
empleadores que vinculen laboralmente a personas con alguna discapacidad o
limitación. Algunos de estos beneficios son obtener reducción en la renta del
200% del valor del salario, se excluyen del pago de aportes a ICBF y SENA si en
alguna de las dos condiciones tienen más del 25% de empleados con alguna
limitación. Estos incentivos deberían motivar a las empresas a contratar más
población con discapacidad, sin embargo, la realidad es otra, son pocas las
empresas que entre sus empleados cuentan con un porcentaje siquiera cercano al
2 o 3 por ciento de empleados de este tipo.
Esto preocupa enormemente a William y sus compañeros
en el concejo local de discapacidad. De tal preocupación surgieron iniciativas tendientes
a mejorar la calidad de vida y la inclusión de esta población. Entre algunos de
los proyectos que tienen, está el brindar asesoría a emprendedores y
microempresarios de la localidad para acceder a los beneficios que ley les
otorga al emplear a personas con discapacidad. Realizar campañas de mejora de
la movilidad y acceso al transporte público, pues en esta localidad esta
población tiene grandes dificultades de movilidad. La mayoría recurre al
sistema Transmilenio que es el único que, con ciertas limitantes, les brinda
acceso a transporte.
William lleva 8 años trabajando de cerca con sus
compañeros. En este corto tiempo ha notado una mejoría en las posibilidades de
inclusión de sí mismo y la población a la que busca ayudar.
“Para mí esto es más que un trabajo. Es todo un
servicio. Considero un privilegio ayudar a mis compañeros. Brindarles herramientas
a las que no tuve acceso de joven. Ello permite que las generaciones que están
creciendo, y que tienen algún tipo de limitación, disfruten de los privilegios
por lo que tuve que pelear hasta con tutela. Ellos sentirán que se les respeta,
se les valora y se les permite desarrollarse socialmente” explica William.
Para él aún falta mucho por hacer, aún no se sienten
incluidos de manera equitativa tanto como lo desean pero cree que poco a poco
se ha logrado más de lo que se tenía.
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